Ermita del remedio

Reproducción en papel de Palacete del embarcadero. Santander goza de una belleza paisajística extraordinaria debida a su ubicación costera, a modo de península rodeada por la bahía y la costa...

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Reproducción en papel de Palacete del embarcadero. Santander goza de una belleza paisajística extraordinaria debida a su ubicación costera, a modo de península rodeada por la bahía y la costa abierta al mar Cantábrico, mayoritariamente acantilada. Pero quizás sean sus playas los espacios naturales más conocidos y apreciados. Su sinuoso alineamiento, bordeando casi cinco kilómetros de costa, brinda a la vez pequeños y extensos arenales: unos resguardados de los vientos (Los Peligros, La Magdalena y Bikinis); otros, abiertos al Cantábrico (El Camello, La Concha, La Primera, La Segunda, Molinucos y Mataleñas). Junto a éstas y entre ellas, espacios verdes de gran belleza se asoman al litoral, como Piquío, con sus emblemáticos jardines asentados sobre un enclave rocoso que separa las dos playas de El Sardinero. Próximo, el Parque de la Magdalena lleno de vegetación y arbolado, frente a la isla de Mouro y al mar Cantábrico, compone junto al Palacio Real, la más típica estampa santanderina.

El Sardinero es una de las zonas más elegantes del litoral español, a la que acude un turismo de clase acomodada, y en la que ha fijado su residencia la alta burguesía santanderina. Se extiende desde la Península de La Magdalena hasta Mataleñas

La península de La Magdalena es un espacio natural en cuyo alto se erige elegante el Palacio Real, residencia de verano que el pueblo de Santander regaló al monarca Alfonso XIII a principios del siglo. Los reyes obsequiaron a la ciudad con su repetida presencia, convirtiéndola durante el estío, en la capital del reino. Actualmente es un parque público de libre uso.